Les tengo dicho que la felicidad dura poquito en la casa del
pobre y ya eran dos semanas seguidas de venir a contarles alegrías. Eso no
puede ser, que se me acostumbran y luego no hay forma de hacerles volver al redil.
Así que ha venido a mi rescate el incomprendido, responsable, preparado y nunca
bien ponderado Gobierno de España a sacarme de mi alborozo, que ya está bien.
Les puedo prometer y prometo que si en estos últimos días
hubiera sentido que el mundo paraba de girar sobre su propio eje hubiera pegado
un triple salto mortal con tirabuzón y paso atrás para apearme. De hecho, estoy
valorando la posibilidad de extraditarme a un país donde el sentido común, la
profesionalidad, la prudencia, la piedad y la deontología profesional sean más
valorados que en este. Corea del Norte se me está haciendo cada día que pasa
más apetecible.
Y es que lo de este país es ya insoportable. Miren que
llevamos años ya soportando (en demasía, también se lo digo) y superando las
insensateces, los desmanes, la falta de respeto a los ciudadanos, la mentira y
la incompetencia pero lo de esta semana está siendo muy, muy difícil de
superar. Y bromas, chistes y exageraciones aparte, no todo es culpa, o no solo,
del Gobierno de incompetentes e irresponsables que tenemos. Lo cual es mucho
más triste.
El papelón que está haciendo la alegre muchachada que nos
gobierna con el tema del ébola es para nota. Alta. No voy ni a valorar la
capacidad visual de la ministra ni su gusto por el confeti al por mayor. Eso lo
tiene pendiente de hacer algún juez al que no le hayan inhabilitado todavía.
Pero su irresponsabilidad y su ineptitud en cualquier otro país, desarrollado o
no, ya hubiera pasado a formar parte de la historia y que pase el siguiente.
Desde el minuto cero se pasó por el arco del triunfo (y estoy
siendo fina, que luego se me escandalizan los biempensantes) los consejos de
los profesionales, sí, de esos mismos a los que ha recortado sueldos y
capacidades, y tomó una decisión que, como todas en esta vida, ha tenido
consecuencias. De ley hubiera sido apechugar con ellas y hacerles frente. Pero
no, joder, no. La culpa siempre es del ‘empedrao’, que no se me enteran
ustedes. Y si el ‘empedrao’ no está disponible, pues no pasa nada, que siempre
tendremos una auxiliar de enfermería, un perro, unos profesionales, gente que
viste camisetas de colorines o algún diputado de la oposición a quien echársela.
Pues buenos somos nosotros para eso.
Pero aquí se libran pocos y la irresponsabilidad es lo que
tiene, que nunca se gasta, por más que se reparta. Que el papelón que han
estado haciendo algunos medios de ‘comunicación’ también es para preocuparse y
mucho. Los hay, y no muy lejos, que hasta han fabricado una portada monísima
con foto de “los de las batas blancas” ‘enmascarillados’ a la entrada de un
consultorio. Que ese grupito concreto no se representen más que a ellos es lo
de menos, pero ahí está. Cada uno que cargue con su mochila.
Lo que no les puedo explicar es la intención. Se me escapa.
Ni yo, con este afán por hacer el mal, le encuentro explicación, que seguro que
la hay. Ya nos enteraremos, descuiden.
(Publicado en Gente en Cantabria el 10 de octubre de 2014).
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