martes 21 de febrero de 2012

Jóvenes, éramos tan jóvenes

La pasada primavera un buen grupo de gente que alguna vez participó de las actividades del Consejo de la Juventud de Cantabria nos reunimos en una comida para celebrar los 25 años de su creación. Fue un día estupendo en el que muchos nos volvimos a ver, algunos nos conocimos y todos recordamos a los ausentes. Por supuesto, se comentaron las actividades del CJC, pasadas y presentes, y se presentaron algunas pinceladas de las futuras que ya no podrán ser. Pero, como siempre en el Consejo, las protagonistas fueron las personas. Porque su propia existencia es la historia del compromiso de muchas personas de trabajar para otras personas, los jóvenes.

Ahora, nos anuncian que “se suspende la actividad” del CJC. Puro eufemismo. Desaparece el CJC. Y no porque su mantenimiento vaya a librar a las arcas públicas de tal cantidad de dinero que ya no hará falta que suspiremos por la cortedad de miras de quien rechazó el impuesto de sucesiones. No. Desaparece porque quien tiene la responsabilidad política de velar por sus ciudadanos ni cree en ello ni está en su agenda creer algún día. Desaparece porque quien nos gobierna ve en la juventud un peligro. Porque la capacidad de rebelarse de los jóvenes; de criticar lo establecido; de asociarse para reivindicar sus derechos, que son los de todos; de cuestionar; de trabajar; de dar lecciones de civismo son armas peligrosas para quien no cree en la libertad.

En estos 25 años, el CJC ha cumplido su objetivo leal y puntualmente. Se creó como interlocutor de los jóvenes con la administración y la sociedad. Y lo ha sido. Los jóvenes cántabros se han visto representados ante los diferentes gobiernos porque allí estaba el CJC para representarles. Para exponer ante las fuerzas vivas sus inquietudes, sus reclamaciones, sus problemas y para pedirles soluciones. Sería un auténtico coñazo detallar los cientos de actividades que se han llevado a cabo gracias al empeño de esos peligrosos insurgentes, y para coñazos ya tenemos los reality shows.

Y ahora, que el presente es tan negro y el futuro más incierto que nunca, la alegre muchachada nos cierra el Consejo. Y coincide en el tiempo con la campaña de recortes en Educación que Mariano Manostijeras está llevando a cabo, consejeros de la misma en las Comunidades Autónomas mediante. En el mismo tiempo en que los alumnos valencianos están descubriendo en sus propias carnes lo que significa la expresión “correr delante de los grises”. Sí, ya sé que ya no van de gris ni nosotras de azul, pero lo importante es el concepto y este es que son más grises que nunca. Ahora corren detrás de peligrosos niños y adolescentes armados con el bocata de la merienda y mandarinas antipersonas y pertrechados tras subversivos libros de texto y literatura. Tirant lo Blanc es lo que tiene, que siempre fue un rebelde y un subversivo de libro.

¿Es casualidad? Permítanme que no lo crea. Con la que nos han preparado, más bien tiendo a pensar que lo que la muchachada pretende es una generación de jóvenes corderos que balen al son que les tocan pero de forma individualizada. Que si se juntan, aunque sea a jugar a la Play, pueden ser un problema. No les interesan los jóvenes formados, informados, asociados, comprometidos, no sea que les salgan por peteneras y protesten; que les enfrenten con sus propias contradicciones; que se vengan arriba y se nieguen a pasar por el aro, en definitiva, que ejerzan de jóvenes.

Por fortuna, somos muchos los que creemos que para conseguir un futuro razonable hay que llevarle la contraria a esta gente y que estaremos allá donde nos reclamen estos y cualesquiera otros jóvenes que pretendan cambiar el orden de las cosas. Seguramente no siempre de acuerdo con sus postulados ni sus reclamaciones pero reivindicando su presencia y que se escuche su voz.

Imposible no recordar mientras escribo esto a muchos de los que fueron algunos de esos jóvenes comprometidos y que me llena de orgullo poder llamar amigos. Es seguro que me olvidaré de alguno, pero sabrá, en caso de enterarse, disculparme. En nombre de ellos sé que puedo decir que contéis con nosotros para cuanto necesitéis.

Como haría en Facebook, en este artículo daros por etiquetados (a lo loco y sin orden alguno, que soy yo, leches): José Ángel Olavarría, Anna Tsanis, José Luis Santos Abaunza, Aurora Caballero, Gema González Santos, Mila Martínez, María Ángeles Roba, Paco Mañanes, Charly Montenegro, Óscar Becerril, Gustavo García, Judith Pérez, Regino Mateo, Quique Gordaliza, Cristina Otero, Marisa Otero, Víctor de la Herrán, Ruth Carrasco, Félix Arrizabalaga, Raúl Gil, Iván Gómez, Javier Ruiz, Javier López, Pedro Casares, Estela Goicoetxea, Eugenia Gómez de Diego, Cristina González, Pica, Carmen, Rosa, Isabel, Pilar... y, por supuesto, Leonor, nuestra 'mami' Leonor.

Y siempre, siempre, José Félix.

viernes 13 de enero de 2012

Canción para Pilar

Como el viento y el mar
como el pájaro ama su libertad.
Como el vino y la sal
como el aire y el pan
así es Pilar.

Ella es la soledad
es un volcán, es algo mas...
Es el bien y es el mal
y es la mano que araña
mi voluntad.

Te quiero, te quiero.

Me van a perdonar, queridos amigos, que hoy no esté yo muy en mi punto. Cuento con su buena voluntad para que no me tengan en cuenta que, después de tantos días sin hacerles ni el más puñetero caso, hoy no venga a contarles milongas de la cosa política esa que tanto sé que les divierte y tan a la orden del día está. Les prometo que otro día será, pero hoy no tengo el chichi pa’ farolillos. Y ya me disculparán la ordinariez, pero es lo que hay.

Hoy no estoy, a estas 03:29 horas de la ¿madrugada?, para soltar ingenios. Y eso que miren que la situación da para ello y con vuelta, como cuando mi madre me mandaba a los ‘recaos’. Pero no. Y ya lo siento, pero hoy no. Hoy tengo la necesidad de contar otra cosa. Algo que a la mayoría de ustedes, amables amigos, les va a importar un bledo, pero oigan que la necesidad es la necesidad y menda, que tiene este carácter que tiene y que ya conocen, qué le voy a hacer, necesita hoy, a esta hora intempestiva de la ¿madrugada?, contar. Se ha muerto Pilar. Y yo me acabo de enterar. Y no tengo perdón de dios.

Qué quién era, es, Pilar se preguntarán ustedes. Muy fácil, una amiga. Bueno, no. Era, es, más que eso. Era parte de mi familia. De una familia encontrada al azar, por pura y buena suerte. Algo habré hecho bien en otra vida porque en esta y cuando más lo necesitaba me encontré una maravillosa familia que, aunque ellos no lo sepan, siempre llevo conmigo. Otra gente menos afortunada que yo se encuentra billetes de 500 euros, yo encontré, deo gratia, una cuadrilla de gente maravillosa que me adoptó y me dio muchos de los mejores y más divertidos momentos de mi vida hasta ahora. Porque tengo la intención de seguir mucho tiempo dándoles la lata, pero quién sabe, se me puede cruzar un hijo de puta al volante o un igualmente hijo de puta de cáncer y llevárseme por delante. Pero que me quiten lo bailao.

Por lo que sé hasta ahora, eso es lo que le ha pasado a Pilar. Que se le cruzó un hijo de puta de cáncer y ya no está. Pero en realidad no es cierto, sí que está. Siempre estará. Porque no puede ser de otra manera. Porque la gente como Pilar no puede irse sin más. No se lo permitiremos ninguno de los que la conocimos. Ninguno de los que compartimos tantos y tantos momentos de risas y llantos; de cabreos por ella y con ella; de confidencias; de chillidos (Pilar tenía su momento 'histeria' perfectamente desarrollado y era de mucho reír, para los demás, claro); de anécdotas compartidas a la hora de comer y fumar; de juergas; de hijas; de nieto… Así era, es, Pilar.

A estas alturas del relato se estarán preguntando ustedes, estimadísimos, que porqué este momento ‘moñas’ tan impropio de mi mismidad. Y que yo lo entiendo, eh. Pero a joderse tocan, que una, aunque no lo parezca, también tiene su corazoncito, su lagrimal y sangra si la pinchan y bla, bla, bla. Pero no dejaré de saciar su insana curiosidad, cotillas me han salido, no es por nada, porque es de ley.

Nunca les he contado que hace algunos años ya (no hace falta hacer sangre con esto, que una es una señora aunque no lo parezca) que, a la fuerza ahorcan, agarré mis Vuittons, mis rizos y mi desesperación de desempleada cántabra (ahí les estoy dando más pistas de la época de las necesarias) y puse 709 kilómetros por medio. Y me recibió Valencia. Sí, esa Valencia. Sí, sí, la misma Valencia de Camps. Esa. La de Rita Barberá. Que sí, coño, Valencia. A ver si ahora ustedes van a conocer más Valencias que la de toda la vida de dios, la de la paella y las fallas. No se me tiren pegotes, que nos conocemos.

Como les iba diciendo, cual Paco Martínez Soria pero sin gallina ni boina, que se me jodían los rizos, llegué a Valencia un 22 de noviembre del año 2000. No me cabe ninguna duda en cuanto a la fecha porque fue al día siguiente de que una banda de hijos de puta asesinara a Ernest Lluch. Pero esto es otro blues y si buscan por ahí, por la hemeroteca de este blog, verán que está reflejado. Pues bien, llegué a Valencia sin gallina ni boina, con mucha tristeza y el optimismo que me caracteriza, mi madre lo llama inconsciencia, a lo que viene siendo buscarme la vida. Y como si de un cuento de los Grimm brothers se tratara resulta que la encontré.

No les voy a aburrir con la historia de cómo la pobrecita cántabra llegó a recalar en Conforama Burjassot (el blog es mío y hago publicidad donde y cuando me da la gana). Lo importante aquí es lo que me encontré cuando llegué allí. Lo habitual es encontrarse con compañeros de trabajo con los que una, con este carácter y estos rizos, se lleve mejor, peor o medio pensionista. Pero no. Error. Yo me encontré con una familia. Y sí, ya sé, esto parece un cuento de Dickens, me hago cargo, pero es que fue así. A la provecta edad que una se gasta puedo prometer y prometo que nunca antes ni después me he echado a la cara un grupo humano tan grande en todos los aspectos. Grande porque superaba la cincuentena de personas; grande por el nivel humano de todos ellos; grande por, esto es egoísmo puro, cómo fui acogida, por lo que me enseñaron, por lo que compartimos… ,en definitiva y para qué aburrirles, muy grande. Ya les digo, una familia.

Se los nombraría uno a uno pero con esta caraja que me gasto seguro que me dejaría a más de uno por el camino y no quisiera. No me lo perdonaría. Y con lo que hoy no me puedo perdonar ya tengo bastante. Que soy humana, joder.

Y es que hoy no me puedo perdonar no haberme enterado hasta hace un rato, escaso, que andaba yo con otra familia postiza compartiendo miserias de lo más humano y que ahora mismo no tienen ninguna importancia para mí, mirando el jodido Facebook, que Pilar estaba enferma. Tan enferma que se murió hoy mismo. Y no lo sabía porque hace dos años que no hablaba con Pilar más allá del mensaje con mis mejores deseos en Año Nuevo. Y su inmediata y cariñosa respuesta siempre. O viceversa, que estábamos a ver quién era la pistola más rápida a este lado del Mississippi. Bien es verdad que este año no hubo respuesta pero yo es que no llevo la cuenta y cómo me lo iba a imaginar.

Hace poquitos días, también mediante el jodido Facebook, he encontrado a algunos de estos ‘familiares’ (¿hay alguien, aparte de Carles Francino y mi madre, que no tenga Facebook?) y me llevé una inmensa alegría. No han pasado quince días de esto y me dan una de las peores noticias que me podían dar. Eso es la vida, pensarán ustedes. Pues sí. Efectivamente, eso es la vida. Pero en cada uno está, en este caso en mis manos, hacer sentir a los que queremos eso mismo, que les queremos. Con Pilar ya no llego a tiempo, aunque con lo que era, es, ella, ahora mismo estará desplegando esa carcajada cascabel, argentina le llamaban en siglos pasados las gentes letradas, y llamándome tonta a grito pelao, como si lo viera. Pero con los demás aún estoy a tiempo. A ustedes ya si eso se lo diré mañana, que tampoco es que les quiera a todos, un poco de criterio, por favor. Hoy, a mis compis sí que se lo quiero decir: chicas, chicos, sois muy grandes. Muchas gracias. Os quiero.

Pilar, para ti.

A las aladas almas de las rosas...
de almendro de nata te requiero:
que tenemos que hablar de muchas cosas,
compañero del alma, compañero.

‘Elegía a Ramón Sijé’. Federico García Lorca.


Susana, Pilar y Julio. Tres de los más grandes.

Pero son muchos más.

(Foto 'socializada' a Julio. Porque sé que no le va a importar).

miércoles 21 de diciembre de 2011

Desde el hígado con amor

Voy a aprovechar un momento 'borde' de los míos para dejar muy clarito algo muy importante para mí. Lo siento si alguien se siente molesto, es lo que hay.
Y si a alguno le molesta, que sus razones tendrá, sentiré mucho que la única solución para dejar de ver como reivindico la labor de mis compañeros en sus cargos públicos sea dejar de ver lo que escribo. No me gustaría que fuera así, pero lo que no voy a dejar nunca es de reivindicar el trabajo de quienes se dejan la piel todos los días por hacer de este un mundo mejor para todos.

Y conste, le guste a quien le guste y a quien no, ya sabe lo que puede hacer, que no hablo ahora sólo de los míos. Hablo de todos, todos, los cargos públicos de este país, de cualquier color, opinión o partido político, la mayor parte de los cuales dejan mucho de su vida personal al servicio de que todos nosotros vivamos mejor. Cada uno con su idea de cómo se deben de hacer las cosas, cada uno con su razón, pero todos convencidos de que hacen lo mejor para el bien de todos.

Que ya me tienen hasta el mismísimo coño los del "todos son iguales, unos sinvergüenzas", dicho esto mientras se toman un vino, una copa o están en su casa cómodamente sentados. Eso sí, sin mover un solo dedo por los demás.

Este texto es fruto de un 'arranque' que me dió ayer en Facebook y está escrito desde el hígado. Y así se va a quedar. Lo único, añadiré dos comentarios que se han hecho y que me gustan porque mejoran el concepto. Espero que a sus autores no les moleste su inclusión. Si así fuera, no tienen más que decírmelo y los retiraré. Faltaría más.

El primero es de Pancho V. Saro: "Las generalizaciones son malas en los dos aspectos. Desgraciadamente tampoco todos los cargos públicos se dejan la piel para trabajar por nosotros (afortunadamente son los menos). A esos que están para lucrarse y lucrar a sus amigos denuncia y a la cárcel. Sean del color que sean".

El segundo, de Luis Clemente: "Tal y como lo has planteado, Kim, estoy absolutamente de acuerdo. Además es que comparto que hay que reivindicar la política y a las personas que a ella se dedican, como parte fundamental de la esencia democrática. Confundir la parte negativa con el todo, además de injusto, es una estrategia interesada, que ha ido calando, de desprestigio a la que yo personalmente nunca me he prestado. Lo que se esconde detrás de estas campañas de despretigio, contra políticos, sindicatos, etc, lo único que pretende es minar el sistema democrático y favorecer la aparición de un populismo manejable para la defensa de intereses muy concretos e inconfesable. Y sí, acepto que como en todos los colectivos sociales en la política también hay 'garbanzos negros', eso es inevitable ya que va ligado a la condición humana, y lo que hay que hacer no es tirar el puchero por la ventana, solo con sacar del mismo los garbanzos negros, seguiremos teniendo un 'sabroso cocido'".