jueves, 28 de mayo de 2015

Contigo no, bicho



Tengan cuidado, amigos, estamos viviendo tiempos muy locos.  Que menuda novedad, dirán. Tienen razón, pero es que a mí el traje de heraldo del Apocalipsis me tira un poco de la sisa y doy para lo que doy. Ahora mismo para bien poco.

Ando recobrándome de la alegría de ser testiga del desfile de esta fashion week que están siendo los resultados electorales. De recuperarme de la campaña electoral propiamente dicha ni hablamos, que para eso necesitaría de una cura de sueño y está el patio de un alborotado que ni para una triste siesta da si no se quiere perder una algo.

Ver mi querida Valencia libre de los calorets (¿o serán caloretes? Chica, a ver si te desasnas) de Rita (qué va a ser de los pobres redactores de la prensa ché ahora que tendrán que poner apellido al alcalde y se les van a descuajeringar los titulares) y pensar que El Cabanyal tiene salvación me tienen más contenta que unas castañuelas. Las mismas con las que imagino a mis amigos de Cádiz (¡Oe!) despidiendo a Teófila a ritmo de chirigota.

Pensar en los vallisoletanos y, sobre todo, en las vallisoletanas que podrán montarse en un ascensor sin sentirse culpables por meter en algún brete al León de la Riva me emociona tanto que empiezo a parecer un personaje de Laura Ingalls, ahí, todo el día emocionada.

Lo de nuestro particular súper héroe aún está por ver, pero la ‘trabanqueta’ ha sido de las de dejarse los perfectos piños maltrechos. Aunque, con todo y con eso, es el único que ha conseguido salvar el atrezzo. Ahora sí que no va a haber quien le tosa. O sí, que hay gente “pa tó”, ya lo decía El Gallo.
Y si no, no se pierdan las ocurrencias de Esperanza Aguirre, que está la mujer dándolo todo por elevar la moral de la tropa y proporcionarnos unas carcajadas entre tanto recuento de voto y tanto pacto post electoral.

Que tenemos a la cazadora de talentos (pueden reciclar sus risas aquí, gracias) con el gracioso subido y a la que te descuidas lo mismo te ofrece una alcaldía para evitar que gobiernen los comunistas bolivarianos (óbvienlo, es un decir, tampoco hace falta ponerse tan exigentes) encabezados por la jueza que convertirá Madrid en un jardín de soviets, soviet aquí y soviet allá, maquíllate, maquíllate,  que propone un Ayuntamiento de concentración con la presencia de la jueza de los soviets incluida. Yo no sé qué desayuna esta mujer, pero debería ser obligatorio y llevar el IVA súper reducido ese para estar al alcance de todo el mundo. Qué felicidad.

Pero no se crean que es la única experta en salidas peregrinas, quiá. A Yolanda Barcina y su particular Ley Godwin, según la cual “los resultados (del domingo 24) podrían derivar en la Alemania pre Hitler”, dan ganas de cogerla de la mano, como a María del Monte. Las mismas. Y  se les puede unir en abrazo fraternal la concejala de Rafelbunyol, Nuria Losada, que está preocupadísima por la quema de iglesias y violaciones de monjas que van a llevar a cabo las hordas rojas en sus ratos libres de montar soviets a lo loco. 

Ya les digo, queridos, tengan cuidado con estos tiempos tan locos. No sea que se descuiden y mientras andan despistados en sus cosas Esperanza les ofrezca la alcaldía de Madrid o un Ayuntamiento de concentración y tengan que decirle lo que el otro: ¡Contigo no, bicho!

viernes, 17 de abril de 2015

Ahora



Hay palabras modestas a las que no otorgamos demasiada importancia más allá de su función aclaratoria, que guardan entre sus letras el secreto del auténtico poder.  Son palabras con apariencia común, que casi cualquiera es capaz de escribir correctamente y cuyo uso supone tan escaso reto que apenas reparamos en ellas pero que realmente esconden un súper héroe sin calzón por encima de los leotardos, ni cabina telefónica, ni gafas de pasta con las que disfrazarse, aunque capaces de transformar la amabilidad informativa en fuerza capaz de insuflar ironía a un titular o poner el mundo a girar en el sentido contrario a las agujas del reloj, modificando el tiempo, ese puta del que ya Einstein nos dijo que era de lo más relativo.

Estoy segura de que ustedes, como yo, usan  la palabra ‘ahora’ al buen tuntún, sin reparar en su importancia, casi con desgana. Incluso, cuando la escriben, notan esa punzadita, apenas perceptible, del desdén que producen las palabras que necesitan de una hache intercalada para ser alguien.

Pero no se llamen a engaño, queridos, ‘ahora’ es un arma poderosa, casi de destrucción masiva. No solo tiene la capacidad de concretar el momento en que algo sucede, sino que si la dejan a su libre albedrío en un titular, pongamos por caso, aportará a este una dosis extra de información y nos dará la medida exacta de la mala leche en sangre del autor del mismo. 

‘Ahora’ puede sustituir alegremente a ‘en campaña electoral’; usada con pericia puede evitar tener que adjuntar añadidos del tipo ‘que no antes’, incluso es capaz de aportar sin que se note, apenas lo justo, la opinión del autor acerca de la oportunidad de un hecho. 

‘Ahora’ es una súper palabra de la que yo soy súper fan.


(Publicado en Gente en Cantabria el 17 de abril de 2015).

lunes, 13 de abril de 2015

Orgullo y perjuicios



Me encanta este país. Me gusta hasta cuando llueve. Lo adoro incluso cuando una afronta la llegada de la primavera ocultando unas incipientes branquias bajo un pañuelo adquirido en unos grandes almacenes que son los únicos que se enfrentan con un par al cambio climático y siguen teniendo cuatro estaciones con fecha fija e inamovible en el calendario.

Me rechifla este país que sigue llamándose España y que yo no sé para cuándo vamos a dejar la tan anunciada tarea de romperlo, que va siendo ya una hora y se nos hace tarde.

Me apasionan sus sitios, sus gentes, sus artes, sus platos típicos, su ruido, su caos, su silencio, su orden establecido, sus mortadelos y sus filemones. A las señoritas ofelias les tengo un poco más de tirria, pero aún así reconozco que cumplen su labor. ¿Qué sería de nuestros campos sin sus bestezuelas?

Me priva el sentido del humor de este país y la capacidad patria para reírnos hasta de nuestra sombra sin que esta se acompleje ni nada. Y ese permanente punto de asombro en el que vivimos instalados como si a cada momento descubriéramos el secreto de la ‘eterna juventud’ de Isabel Presley.

Solo cuando veo que este país tiene entre sus huestes a gente tan profundamente anormal que, sin saber siquiera qué significa boutade, se lanza a llenar el éter de comentarios pretendidamente graciosos pero preñados de odio hacia las víctimas de una tragedia, sea un accidente de avión con 150 fallecidos o una plaga bíblica en forma de ébola, se me necrosa un poquito el corazón y, por un momento, solo espero que alguien, en algún lugar con menos producción de imbéciles por metro cuadrado, esté escuchando a Wagner y cambie Polonia por nos.

Luego, recuerdo a Pedro Reyes y se me pasa.


(Publicado en Gente en Cantabria el  10 de abril de 2015).

viernes, 20 de marzo de 2015

No se puede tener todo



Dolce e Gabbana siempre me han parecido unos horteras de bolera enormes. A mí y a medio mundo, no se crean que soy original. Al otro medio le fascinan su horterez y su exceso y luce orgulloso, el que lo puede pagar para que ellos defrauden al fisco italiano, su desproporción y autobombo. Vestirse con su marca es perder identidad a borbotones para pasar a ser un cartel promocional de la firma.

Dolce e Gabbana son horteras y evasores de impuestos; Domenico y Stefano dos macarras de la moral.

La vena tradicional siciliana de Domenico salió a pacer hace unos días en una entrevista de esas glamurosas de mucho aparentar para escupir que la única familia posible, a los ojos de Dios (que ya es capricho meterle en estos fregaos, sobre todo con su currículo familiar) es la de toda la vida, con padre y madre, heterosexuales ellos, y que, oigan, no se puede tener todo en esta vida, ni siquiera siendo gay, no se crean. "Soy gay, no puedo tener un hijo. Creo que no se puede tener todo en la vida. Es también hermoso privarse de algo. La vida tiene un recorrido natural, hay cosas que no se deben modificar. Una de ellas es la familia”. 

Por si fuera poco, demuestra su estulticia llamando ‘niños sintéticos’, ni que fueran de tergal, a aquellos que se conciben mediante reproducción asistida. Debe pensar el terrorista de la aguja que son concebidos de otra forma que no es mediante el tradicional encuentro entre un espermatozoide y un óvulo.

Para variar, y ante el miedo al boicot que se ha organizado contra su firma, ya ha salido a relucir la consabida disculpa. Pero llegan tarde. “Es hermoso privarse de algo”. Vosotros, de multitud de clientes. Qué hermosura.


(Publicado en Gente en Cantabria el 20 de marzo de 2015).

sábado, 14 de marzo de 2015

La ley del silencio



“Nunca rompas el silencio si no es para mejorarlo”.
Ludwig van Beethoven

Al insigne sordo le quedó una frase redonda, hay que reconocerlo. De esas que de joven quedan muy apropiadas escritas en la tapa de una carpeta de estudiante y de crápula, en la puerta de un baño público.

Pero el silencio está hecho para ser roto. Si para apreciar la belleza es necesario distinguir la fealdad, o para reconocer el amor hay que haber sufrido el miedo, el silencio no tendría entidad propia si no existiese el sonido. De la música, del mar, del viento, de los millones de ruidos que nos rodean, de las palabras, las protestas, las reclamaciones, las críticas…

No tiene que temer don Ludwing, que no le faltan adeptos que opinan lo que él y velan porque el silencio se conserve sin mácula. Que ni el viento le toque, porque tiene pena de muerte el viento si le toca. (Qué quieren, soy de la generación de Verano Azul).

Todo empezó con un rey campechano saltándose todo protocolo y mandando callar al difunto Hugo Chávez. Y le quedó tan propio y le jaleamos tanto su campechana defensa del canalla que no damos abasto para asistir a réplicas mucho menos campechanas e igual de intolerantes. La última, hace unas horas, de la mano del ministro de Defensa mandando callar con un gesto a la diputada de UPyD que le cuestionaba la (no) actuación de su departamento ante una denuncia de acoso sexual y laboral en el Ejército. 

Este ha sido el exponente más reciente de la afición al silencio que les ha entrado en esta legislatura a los chicos y chicas de la alegre muchachada, otrora tan dicharacheros, pero no la única. Rajoy está absolutamente entregado a esta moda. Arrancó fuerte y desde un plasma, no contestando preguntas de los periodistas, y derrota en tablas ‘ordenando’ al líder de la oposición que no vuelva al Congreso “a decir nada”. 

Tanta es la afición al silencio de nuestro presidente y su alegre muchachada que lo salvaguardan  por ley. La ‘ley mordaza’ que nos ha impuesto su mayoría absoluta nos impide mejorar el silencio del PP. Sale demasiado caro.

(Publicado el 13 de marzo de 2015).